sábado, 11 de julio de 2009

El escribidor intruso, de José Donoso


El escribidor intruso, de José Donoso por Vicente Lastra Reseña a un libro que merece su reedición

Este notable trabajo recopilatorio estuvo a cargo de la periodista Cecilia García Huidobro M. A., quien, en ocasiones anteriores, nos ha sorprendido gratamente con la edición de entrevistas y textos olvidados de Vicente Huidobro y Joaquín Edwards Bello. Vaya entonces nuestro reconocimiento para una labor que, sin lugar a dudas, se afianza en el rescate de los sólidos edificios de la literatura chilena.

El volumen analizado en esta oportunidad, posee el agregado de contar con un prólogo nacido de la siempre erudita pluma del novelista mexicano Carlos Fuentes, uno de los entrañables amigos generacionales de José Donoso.

Antes de avanzar en nuestro comentario, repararemos en el prefacio escrito por Fuentes para la presente obra -pieza de indudable factura- que nos entregará mayores luces al instante de observar el itinerario de Donoso en el mapa de las letras hispanoamericanas. En el citado exordio, titulado “José Donoso: Maestro de un irrealismo prodigioso”, el autor de La muerte de Artemio Cruz pondera el arte del novelista nacional valiéndose de las siguientes palabras: “Sin embargo, nadie trascendió las limitaciones del pasado inmediato y plantó un pendón en el reino de la imaginación con más aparente soltura que el más literario de todos los literatos del “boom”, el chileno José Donoso. Nadie hizo más patentes las rígidas jerarquías sociales de la América Latina, la crueldad del sistema de clases en Chile. Pero nadie, asimismo, sintió la terrible evidencia de la injusticia con una imaginación literaria más corrosiva. Donoso escogió un territorio –la sociedad chilena- y lo desestabilizó desde adentro mediante la sospecha de que nada es lo que aparenta ser y todo está a punto de convertirse en algo distinto. Disfraces, homonimias, trasplante de órganos: los travestismos de Donoso son los signos externos de una profunda y feroz rebelión anarquista, pero sometida a un riguroso empleo de los métodos literarios. Las novelas de Donoso están escritas bajo los signos gemelos de la destrucción y la recreación, el paso de todas las cosas, la ficción a todo pretendido statu quo, la total ausencia de credibilidad de las apariencias”.

Catalogábamos de “notable” a este libro, y no tememos caer en la exageración: pues nos enseña lo más granado de la producción periodística de Donoso, en sus funciones como redactor de la revista Ercilla, allá en el primer lustro de la década de los sesenta. Artículos de la más variada índole, crónicas en torno a Chile y entrevistas a conspicuos personajes del siglo pasado –entre ellos el poeta Ezra Pound-, conforman un volumen que hacía falta entre los estudios dedicados a desentrañar el genio creador del autor de El obsceno pájaro de la noche. En 1998, Cecilia García Huidobro ya había editado una selección de artículos del mismo Donoso bautizados como Artículos de incierta necesidad, pero aquellos, de preferencia, se habían publicado a través de la Agencia EFE.

La compiladora divide el cuaderno en siete ejes temáticos, que no siguen un orden cronológico ni de género. Los enmarca con estos originales designios: “Retrato de una generación”, donde la camada del 50 chilena es analizada a través de artículos sobre algunos de sus miembros: Enrique Lihn, Alejandro Jodorowsky y Enrique Lafourcade; “Admiraciones y reservas”, destacando las amenas conversaciones sostenidas con el antipoeta Nicanor Parra y el ensayista Benjamín Subercaseaux, a medio camino entre el artículo y la entrevista; “Algunas pistas literarias”, desplegando Donoso juicios artísticos acerca de novelistas contemporáneos tales como los estadounidenses John Steinbeck , Norman Mailer, y los europeos Ivy Compton-Burnett, Robert Musil e Isaac Babel; “Andanzas por Italia”, escritos germinados a raíz de un exhaustivo viaje por la península itálica, recorrido que le permite conocer al mencionado Ezra Pound y escuchar la voz de la soprano María Callas en la imponente Scala de Milán; “Viaje a lomo de libro”, páginas de mayoritario sabor y saber libresco, para anotar las dedicadas al “desterrado” Fernando Alegría y a la entonces Novísima Generación (Juan-Agustín Palazuelos, Mauricio Wacquez); “De oficios y desencantos”, que dan cuenta de un “Chile profundo”, en definición de Cecilia García Huidobro y “Desde el margen”, insistiendo con esa búsqueda de un país que se afirma en la cordillera para no caerse en el abismo del océano.

Por razones de espacio y de interés para nuestros lectores, confinaremos la mirada en el casi desconocido registro del encuentro entre José Donoso y Ezra Pound, transcurrido en el castillo de Brunnenburg, que se halla levantado en el Tirol italiano; nunca rescatado en otra publicación -salvo la que comentamos-, desde su aparición inicial en Ercilla el 8 de marzo de 1961.

Desde la primera línea, se evidencia el respeto y admiración del chileno para con el que llama “el poeta de mayor influencia en nuestro tiempo”. Tras relatar el denigrante trato recibido por Pound de parte del ejército norteamericano en Pisa, y su reclusión “legal” durante doce años en un hospital psiquiátrico de Washington, Donoso, transcribe en lenguaje propio, extractos de su conversación sostenida con el descendientes de irlandeses. Le atribuye a Pound los siguientes dichos: “Para mí, en lo que recuerdo, porque hace tiempo que lo leí, Pérez Galdós es el más interesante de los escritores españoles. No se sorprenda –nadie como él conoce el idioma-, y no se puede escribir una novela sin conocer el idioma como un poeta”. Consultado el porqué de su animosidad con los norteamericanos, reflexiona: “No puedo olvidar la guerra, Roosevelt era un poliomelítico que se dejó engañar por Stalin, en Yalta, y así le dio mano libre para invadir Europa. Yo soy hijo de Erasmo de Rotterdam, de Europa, cuna y fuente de toda civilización. Defiendo a Europa de la Rusia bárbara, yo estaba defendiendo a mi patria. Yo no soy el traidor –fue Roosevelt, que abandonó a Europa y a la civilización al comunismo. Esto es lo que yo quería hacer que los americanos comprendieran con mis transmisiones por la radio de Roma. Había que vencer a Rusia. No era estrategia de poeta. Pero vencieron los usureros, porque la usura es la patrona del mundo...”. Y sobre la poesía, enuncia: “No creo que hoy se pueda escribir poesía sin una gran cultura. Cultura en todos los campos: política, matemática..., economía, sí, sobre todo economía. No se puede escribir poesía sin saber de economía, como pretendía un jovenzuelo poeta que me visitó no hace mucho. Lo que la gente llama “poético” no es más que un hábito mental que nos ha legado el romanticismo. Tenemos que superar el romanticismo, llegar de nuevo a un clasicismo, esa etapa en que el idioma mismo, la forma, lleve en sí toda una carga de conocimiento. Eso de la inspiración no existe: los mejores poemas se escriben en frío. A veces resulta que llevan en sí algo de una verdad eterna, grande. A veces, no son más que buenos ejercicios, pero el buen poeta debe poder escribir buenos versos siempre, aunque no tengan importancia en cuanto a contenido”.

Un apartado importante del libro, lo compone un breve álbum de fotografías de Donoso en el periodo de la escritura de las páginas aquí reunidas: destacan la tomada junto a Pound en el castillo de Brunnenburg, y otra en Roma acompañando al pintor Chirico.

A modo de concluir esta reseña, diremos que en su faceta periodística, observamos a un Donoso en plena propiedad de su facultades narrativas, donde resplandecen el detalle minucioso de las descripciones y el gusto por un lenguaje sobrio y preciso para retratar sus impresiones de una realidad compleja y evanescente. De lectura recomendable, no debemos olvidar que en El escribidor intruso nos enfrentamos a un literato oficiándolas de reportero, y, por ende, a una manifestación “diferente” de una sensibilidad que privilegia el temperamento artístico de su esencia, y no el lente indiferente y distante del mero informante.

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Vicente Lastra


El escribidor intruso (Artículos, crónicas y entrevistas)
José Donoso
Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago, 2004, 382 páginas.


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